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La isla de La Española es de naturaleza especial: su gran diversidad de hábitats potenció su capacidad de producir especies nuevas; por eso cuenta con más aves endémicas que cualquier otra isla del Caribe. Sin embargo, la mayoría de los dominicanos no hemos podido ver en persona el patrimonio natural que la Sociedad Americana de Ornitólogos ha reportado en nuestro territorio —algo que dificulta el trabajo de protegerlo—

De ahí que este proyecto tenga tanta importancia: conocer es el primer paso para valorar. La ilustradora estadounidense Alex Warnick elaboró representaciones artísticas fidedignas de 30 bellezas aladas únicas de nuestra isla, acompañadas de datos históricos y sus respectivos estados de conservación recopilados por un equipo de biólogos y activistas ambientales. Por eso, este libro conforma una de las colecciones de imágenes más hermosas, completas y detalladas que jamás ha existido sobre la naturaleza de La Española —algo que puede contribuir a la protección de nuestras especies, pues valorar es el primer paso para cambiar—.

BUTEO RIDGWAYI

GAVIlán de la española

El halcón más amenazado del continente americano —perseguido de manera indiscriminada desde tiempos coloniales— es considerado dañino por sus picos y garras afilados listos para robar pollos. Sin embargo, su dieta consiste de lagartijas, culebras y roedores, algo que le hace un amigo servicial al hombre. Para principios de la década de 2000 su población consistía únicamente de cerca de 300 aves que vivían entre los mogotes del Parque Nacional Los Haitises.

Geotrygon leucometopia

perdiz coquito blanco

Aunque su forma y tamaño se asemejan al de las palomas y habita los mismos bosques húmedos que la perdiz colorada, sus hermosos colores tornasolados la hacen inconfundible. Su marca más distintiva es la frente blanca inmaculada que le da su nombre —“coquito” en República Dominicana significa cabecita—. Prefiere elevaciones entre 700 y 1,000 metros, pero parece ya haberse extinguido en la Sierra de Neiba, y es sumamente escasa en la Cordillera Central.

psittacara chloropterus

PERICO de la española

Llamados xaxabis por los taínos, los pericos no aprenden a imitar el habla humana, lo que les hace menos apetecidos como mascotas que sus parientes las cotorras —algo irónico, porque fue el habla humana que le dio el nombre de esta ave a una de las más sonoras variaciones del merengue dominicano, el perico ripiao—. En 1950 se extinguió en Puerto Rico, y hoy en Dominicana es raro ver una bandada con más de 50 aves, cuando en el pasado se dice haberlas visto en grupos de miles.

Amazona ventralis

Cotorra de La Española

Su capacidad de imitar el habla humana y su astucia originaron la expresión popular “dar cotorra”, que significa hablar mucho para convencer a alguien. Por su carisma, son saqueadas de sus nidos para convertirlas en mascotas; algunas no sobreviven esta extracción prematura y las que sí llegan a los hogares nunca se reproducen. Por eso, aunque pueden habitar desde el nivel del mar hasta las montañas y era común ver bandadas de 500 individuos, hoy es una especie vulnerable a la extinción.

Coccyzus longirostris

Pájaro Bobo Mayo

Cuando una persona se aproxima, a menudo se le acerca sin miedo alguno; de ahí viene su nombre común, porque puede ser fácilmente capturado. Sin embargo, no es nada bobo a la hora de cazar sus presas, mayormente insectos grandes, lo cual lo hace apreciado por los agricultores de tabaco, pues se come las orugas que atacan las hojas. Existe una arraigada creencia de que su carne cura el asma, algo que le ha hecho daño en los campos; felizmente, ha logrado adaptarse al entorno urbano. 

Coccyzus rufigularis

Cúa

Aunque también es un pájaro bobo, este es extremadamente arisco ante los humanos y se aleja saltando de rama en rama en árboles altos; eso hace difícil observarlo, y por eso hay tan pocas fotografías de la cúa. Es posible que ya se haya extinguido en Haití, y en Dominicana su población está limitada a dos poblaciones: una al norte de la Sierra de Bahoruco y otra al noroeste de la Cordillera Central, cada una con un estimado de menos de 50 parejas.

Tyto glaucops

Lechuza Cara Ceniza

Desde la época precolombina, las aves de la noche estaban relacionadas a creencias sobre la muerte; por eso, las lechuzas eran símbolos recurrentes en vasijas y esculturas taínas. En realidad, la única muerte que produce es la de las ratas y ratones: en un año una sola lechuza puede consumir hasta 5,000 roedores. Nuestra lechuza endémica prefiere los ambientes boscosos de tierras bajas, donde ayuda a mantener el balance natural —aunque sigue siendo repudiada en muchos campos—.

Siphonorhis brewsteri

Torico

Su nombre popular viene de su voz: Torico, torico, torico, gu-ec-gu-ec, gu-ec… aunque los moradores de la Sierra de Martín García bromean que aunque proclama que “estoy rico”, no tiene dinero para comprar una cama, ya que duerme y anida en el suelo. El colocar sus huevos en ese lugar lo ha hecho vulnerable a la degradación de los bosques que habita para hacer carbón vegetal, y a la presencia de mamíferos introducidos como el hurón o la mangosta.

Chlorostilbon swainsonii

Zumbador Esmeralda

Con la pérdida de los bosques húmedos de la isla, los zumbadores se han trasladado a los cacaotales y cafetales de altura. Afortunadamente, los campesinos dominicanos aprecian a estos colibríes, y no solo porque tienen el color de una piedra preciosa: los ven como aves delicadas beneficiosas para sus cultivos, y sus nidos, hechos con seda de telarañas, musgos y líquenes, se usan para curar afecciones del oído. 

Temnotrogon roseigaster

Trogón de La Española

El ave nacional de Haití es llamado kanson wouj (calzón rojo) por su vientre carmesí. En Dominicana habita en bosques húmedos y pinares de elevaciones medias y altas, donde pasa mucho tiempo posado quieto en los árboles con la cabeza encogida entre los hombros. Usa huecos de árboles viejos en bosques maduros para anidar, pero la destrucción y degradación de estos ecosistemas amenaza con su desaparición. 

Todus subulatus

Barrancolí

Afortunadamente, el tirp, tirp, tirp del pequeño barrancolí todavía se escucha con frecuencia en toda la isla: desde bosques secos sobre roca caliza, los cafetales de sombra y diversos bosques húmedos y secundarios, incluyendo el Jardín Botánico Nacional en Santo Domingo. Eso sí: su talla engaña, pues con su apetito voraz es capaz de comer casi la mitad del peso de su cuerpo en insectos en un solo día —lo cual lo hace muy importante en el ciclo del control natural de plagas—. 

Todus angustirostris

Chicuí

Hay varias formas de distinguir a un chicuí de un barrancolí: el primero es todavía más pequeño, y su canto hace honor a su nombre, vociferando chi-cui incesantemente. También vive a mayor altura, alcanzando elevaciones de hasta 3,000 metros. Debido a que una sola hoja en este denso hábitat puede esconderlo de nuestra vista, es muy difícil de percibir por los humanos. Aunque es relativamente común, sus números han disminuido por la pérdida de nuestros bosques húmedos de montaña.

Nesoctites micromegas

Carpintero de Sierra

A mediados de la década de 1990 unos científicos encontraron en la Cordillera Central una pluma de carpinterito de sierra preservada desde al menos 15 millones de años dentro de un trozo de ámbar. Tuvieron suerte de ver ese plumaje verde olivo tan de cerca, porque la pequeñez del pájaro y sus colores  lo esconden entre la vegetación y hacen de su observación todo un reto. Todavía se le encuentra en cafetales y cacaotales de sombra, aunque en Haití se considera amenazado debido a la deforestación.

Melanerpes striatus

Carpintero

El mayor ingeniero natural de La Española tiene la diligente labor de crear cavidades para su anidamiento en troncos. Esto le hizo jugar un papel importante en la cultura taína: el pájaro inriri creó a la mujer al taladrar personas sin género, y su silueta aún se aprecia en las pictografías de la Cordillera Central. Hoy, en vez de pictografías los campesinos le dedican espantapájaros: el llamado “enemigo de la finca” ama picar naranjas, aguacates y cacao en zonas agrícolas. 

Contopus hispaniolensis

Maroíta

A pesar de venir de la familia de los tiránidos, la maroíta no es agresiva: su meta parece ser pasar desapercibida. Con su pequeño tamaño —16 centímetros de longitud— y sus tonos grises, es difícil de detectar. Se posa sobre una rama en montañas y pies de monte, caza insectos voladores al vuelo, vuelve a la misma rama y termina su rutina con un gracioso bailecito con la cola. De hecho, es tan inofensiva que hasta se integra a bandadas mixtas con otras aves. 

Vireo nanus

Cigüita Juliana

Su nombre científico, “vireo enano”, es más que merecido: con solo 10-13 centímetros de longitud, es una de las aves más pequeñas de la isla. Su nombre popular, Juliana, vino por ser pariente del julián chiví, una de nuestras aves más conocidas. Pero hay algo que la distingue: el pico corto, aplastado y ancho que le hizo ser clasificada como una especie isleña divergente. Aunque era históricamente abundante, hoy es poco común, pero no lo suficiente para considerarse en peligro de extinción.

Corvus leucognaphalus

Cuervo de La Española

Los córvidos son conocidos por su inteligencia, que les permite hacer y usar herramientas, y su carácter extremadamente social, que les hace andar en bandadas amplias. Por esto algunos dominicanos tienen cuervos como mascotas, pues aprenden a imitar el habla de los humanos y los sonidos animales. Sin embargo, por la destrucción de su hábitat —los bosques secos y húmedos— y su excesiva cacería está considerado como una especie vulnerable.

Tachycineta euchrysia

Golondrina Verde

En el Parque Nacional Valle Nuevo hay más de 100 cajas de nidos artificiales para la golondrina verde. ¿La meta? Evitar su desaparición, como sucedió con la golondrina endémica de Jamaica. Esta avecilla asociada a la llegada de la primavera —anida durante abril y mayo— ha sufrido la destrucción y la degradación de los bosques de montaña en la isla, así como la depredación de sus huevos y pichones por parte de mamíferos introducidos, como las ratas y los hurones.

Turdus swalesi

Zorzal de La Selle

Descubierto en 1927 entre la espesura del bosque del Massif de La Selle, en Haití, pasarían 44 años hasta que fuese avistado en territorio dominicano, en la Sierra de Bahoruco. Todavía sigue siendo un reto encontrarle, debido a su timidez y su preferencia por bosques oscuros y densos, pero a veces camina al amanecer por carreteras o caminos abiertos —los bosques que habita están siendo deforestados por el avance de la agricultura o degradados por la fabricación de carbón vegetal—.

Dulus dominicus

Cigua Palmera

El ave nacional de República Dominicana no tiene colores brillantes ni un canto bonito, pero es un ejemplo de tesón: es común verla cargar ramas y palitos mucho más largos que ella para, con su mentalidad comunal, construir un gran nido compartido con varias parejas, de hasta dos metros de ancho. Generalmente lo construyen alrededor de la palma real, pero estas diligentes aves saben adaptarse: en el país es común ver los nidos hasta en postes de alambrado urbano.

Microligea palustris

Cigüita Coliverde

Es común ver este pajarito moviendo su cola larga y verde, dando frecuentes saltitos en bosques húmedos y pinares de montaña a gran elevación, pero también en zonas de bosque seco a nivel del mar. Afortunadamente no está en la lista de especies amenazadas en el país, y por eso es algo cotidiano escucharla responder rápidamente con un sip sip-sip cuando los humanos le hacemos el sonido pshhhhh.

Xenoligea montana

Cigüita Aliblanca

Este pajarito es una muestra de la riqueza natural de La Española: la distribución de las cigüitas aliblanca y cola verde se solapa en gran medida en el centro-sur de la isla, algo extraño, ya que no es normal que dos especies tan cercanas evolucionen en un espacio tan pequeño —como mínimo, se necesitaría un territorio 10 veces mayor—. Sin embargo, es posible que perdamos ese tesoro evolutivo: la aliblanca está en lista roja dada la disminución de los bosques de montaña que habita.

Phaenicophilus palmarum

Cuatro Ojos

Esta elegante tanagra tiene dos manchas blancas alrededor de los ojos, lo cual le da su nombre. Pero el cliché de los lentes y la inteligencia también tiene algo de cierto aquí: existen reportes de que han hecho uso de herramientas, como la horquilla de un árbol, para manipular sus presas; aparte, el cuatro ojos es a menudo la especie que determina la formación y el movimiento de las bandadas, lo cual muestra sus dotes de liderazgo. 

Phaenicophilus poliocephalus

Cuatro Ojos Cabeza Gris

Hay dos diferencias con el cuatro ojos, su especie hermana: esta cigua endémica de La Española solo habita en la península de Tiburón, en Haití, y tiene la coronilla y la nuca grises, en vez de negras. ¿Por qué tal variedad en tan poco espacio? Posiblemente proveniente de la depresión Jacmel-Fauché, que hasta hace unos 100,000 años fue un canal marino que habría permitido la evolución de nuevas especies en el extremo occidental de la península de Tiburón.

Calyptophilus tertius

Chirrí de Bahoruco

El nombre de su género, Calyptophilus, significa “amante del escondite”. Es lógico: este chirrí es un ave tímida muy difícil de avistar… sin embargo, cuando le toca defender su territorio sale a enfrentar a cualquier intruso, cantando a viva voz. Pero poco puede hacer para defenderse de la acción humana: su dependencia casi exclusiva de los bosques húmedos de alta montaña, uno de los hábitats más amenazados de la isla, le hacen muy susceptible a desaparecer. 

Calyptophilus frugivorus

Chirrí de la Cordillera Central

Hay dos medias verdades en los nombres de esta tanagra: en el científico, si bien frugivorus sugiere una dieta de frutas, se alimenta mayormente de invertebrados, como ciempiés, mariposas, hormigas y arañas; en el popular, a pesar de evocar alturas, ha sido reportado a bajas elevaciones al nivel del mar —aunque también habita en las montañas de la Cordillera Central y en las sierras de Neiba y de Martín García, cuyos puntos remotos podrían ser su salvación ante la amenaza de extinción—. 

Spindalis dominicensis

Cigua Amarilla

El nombre de su género, Calyptophilus, significa “amante del escondite”. Es lógico: este chirrí es un ave tímida muy difícil de avistar… sin embargo, cuando le toca defender su territorio sale a enfrentar a cualquier intruso, cantando a viva voz. Pero poco puede hacer para defenderse de la acción humana: su dependencia casi exclusiva de los bosques húmedos de alta montaña, uno de los hábitats más amenazados de la isla, le hacen muy susceptible a desaparecer.

Icterus dominicensis

Cigua Canaria

Los nidos de la cigua canaria son considerados obras de arte, pues esta especie teje diestramente su incubadora en forma de canasto, que a menudo cuelga de una palma o bananero; el resultado es tan atractivo que muchas veces son parasitados por el pájaro vaquero y terminan criando los pichones impostores como si fueran suyos. Esta imposición, junto con la desaparición de una gran parte de sus bosques húmedos preferidos, ha causado un declive en su población desde la década de 1930.

Loxia megaplaga

Pico Cruzado de La Española

Casi todos los aspectos de la vida de este pinzón están atados al endémico pino criollo: al ser su principal alimento, su distribución coincide con los macizos montañosos que contienen los mayores pinares de la isla, prefiriendo los árboles de un mínimo de 75 años de edad. La tala industrial de pinos contribuyó a la destrucción de su hábitat hasta 1967, pero hoy se encuentra controlada… aunque los cambios en el régimen de incendios forestales en las últimas décadas representan una amenaza.

Spinus dominicensis

Canario

Aunque se parece al canario silvestre endémico de las islas Canarias —de ahí su nombre popular—, este lúgano es en realidad fruto de La Española. En efecto, en un revés colonial adicional, un ancestro del canario de La Española dejó el Caribe para establecerse en Norteamérica, y de ahí surgieron al menos tres especies de lúganos. Ya que no están en las listas de especies amenazadas, es común verlos en campos abiertos en las montañas de la zona fronteriza, cómicamente colgados de las ramitas cabeza abajo para buscar alimento.

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El equipo

Alex Warnick

Alex Warnick

Ilustradora de historia natural

Eladio Fernández

Eladio Fernández

Fotógrafo, naturalista, activista ambiental y autor

Yolanda M. LeónHernández, PhD

Yolanda M. León Hernández, PhD

Bióloga

James E. Goetz, MSc

James E. Goetz, MSc

Biólogo

Andrea Thomen, MSct

Andrea Thomén, MSc

Bióloga

Simón-Guerrero-Surinyach,-MSc

Simón Guerrero Surinyach, MSc

Psicólogo

Mario Dávalos

Mario Dávalos

Fotógrafo, Co-fundador de Capital DBG